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La travesía por mi “Joe”

Publicada el junio 25, 2026julio 10, 2026 por mayragz

(o cómo le metí una idea en la cabeza a todo mi grupo y de cómo encontré, perdí y volví a encontrar el artículo más fantástico del viaje)

Todo empezó conmigo. Y lo admito sin culpa.

Antes de salir de viaje, en algún momento entre empacar y hacer listas, había visto la bolsa. La guardé en algún rincón de mi cabeza con esa tranquilidad de quien no dice nada pero tampoco olvida. No hice anuncio. No mandé el link al grupo. Solo… esperé.

Y en algún punto de Seúl, mientras caminábamos por Hongdae, la vi. Ahí estaba. Colgada del hombro de alguien con una naturalidad que hacía que todo lo demás pareciera estar intentando demasiado. Y también la vi en un puesto, con precio y todo. No era un precio horrible. Era perfectamente razonable. Pero me traicionó el gusanito — ese gusanito traicionero que susurra “tal vez más adelante esté mejor, tal vez la encuentro más barata, tal vez vuelvo por ella” — y la dejé ir.

Adivinen.

Nunca más la vi.

Nunca más!!! Ni ese día, ni al siguiente, ni en ningún callejón de Seúl por el que pasé con la esperanza de que apareciera de nuevo. Desapareció como si nunca hubiera existido. Y fue exactamente en ese momento que empezó la travesía.

— Miren eso — le dije al grupo un rato después, señalando la bolsa en el hombro de alguien más.

Casi sin drama. Casi inocentemente.

El grupo miró. Y algo pasó. Algo sutil, invisible, completamente intencional de mi parte.

— ¿Eso es un Trader Joe’s? — Creo que sí. — ¿Cómo la consiguió aquí?

Nadie supo responder. Pero la pregunta quedó flotando. Y el grupo, sin saberlo todavía, ya estaba dentro de la misión.

En Japón volvimos a verlas. Una en Shibuya, otra en Osaka, otra más en el hombro de una chica que caminaba tan rápido que no hubo forma de preguntarle nada. A esas alturas ya no importaba de quién había sido la idea. Lo que importaba era que todos — absolutamente todos — teníamos la misma misión: encontrar la bendita bolsa. El grupo entero convertido en equipo de búsqueda sin que nadie lo hubiera propuesto oficialmente. Así funcionamos. Así funcionan los buenos viajes.

Preguntamos en inglés, Koreano, Japones. Preguntamos con gestos. Alguien intentó el traductor del teléfono con resultados creativos. La respuesta siempre era alguna variación de: no sé, la traje de viaje, creo que hay alguien que las vende por aquí, no estoy segura.

Por aquí. Siempre por aquí. Nunca exactamente aquí.

China fue el final del recorrido y, sin que lo hubiéramos planeado, también fue donde todo apareció.

Xintiandi, Shanghai. Un barrio que mezcla arquitectura shikumen de los años veinte con tiendas que no desentonarían en cualquier ciudad del mundo. Un puesto pequeño, discreto, con una pila de bolsas Trader Joe’s en distintos colores, tan tranquilo como si llevara años esperándome…

Mentira. Eso nunca pasó.

Lo que sí pasó es que la seguimos viendo — en hombros, en manos, cruzando calles — pero siempre en versiones distintas, colores diferentes, tamaños que no eran exactamente los que quería. Variaciones de la bolsa. Ecos de la bolsa. La bolsa pero no la bolsa. Y en algún punto me rendí. Me rendí con los callejones, me rendí con el traductor del teléfono, me rendí con preguntarle a desconocidos que siempre sabían de una tienda por aquí pero nunca exactamente aquí. Y fue justo cuando solté la búsqueda que mi 弟弟 – Pinyin didi (tono 4) – hermano menor en chino- dijo lo más obvio del mundo:

— ¿Ya buscaste en Taobao?

No había buscado en Taobao.

La pedí ese mismo día. Al día siguiente estaba en mis manos. Todo ese recorrido por Seúl, Japón y los callejones de Shanghai — y la respuesta estaba en una app. El grupo reaccionó con esa mezcla perfecta de alivio y ridículo que solo se siente cuando la solución era obvia desde el principio y nadie la vio.

Hubo la conversación de siempre — ¿cuántas llevas?, ¿me traes una?, espera que llamo a fulana — y en menos de veinticuatro horas todos teníamos la nuestra.

Fue solo entonces que alguien lo dijo en voz alta.

— May. Lo lograste!!!

¿Son la bolsa más sofisticada del mundo? No. ¿Resuelven algún problema que no se pudiera resolver de otra forma? Tampoco. Pero hay algo en ellas que funciona: son ligeras, caben en cualquier cartera, no gritan ni piden atención, y aun así hacen que cualquier outfit se vea un poco más resuelto. En un viaje donde cargamos demasiado — literal y metafóricamente — tener algo tan sencillo que simplemente cumple sin drama se siente como un regalo.

Y aunque parezca frívolo decirlo: a todas nos gusta vernos bien. No hay nada de malo en eso.

La bolsa llegó a Barranquilla. Sigue en rotación. Y cada vez que alguien me pregunta dónde la conseguí, la historia dura más que la respuesta.

P.D. — Por si acaso: no recibo ningún pago, regalía ni beneficio de ningún tipo por mencionar esto. Ni de Trader Joe’s, ni de Taobao, ni de nadie. Lo escribo porque me gustó, porque lo viví, y porque eso es lo único que me interesa compartir aquí.

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